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No más muertes por accidentes de motocicletas en Cristóbal.














Por Héctor Plata.


Cristóbal atraviesa momentos de profundo dolor. En las últimas semanas, nuestro pueblo ha sido golpeado una y otra vez por tragedias provocadas por accidentes de motocicletas que han cobrado la vida de jóvenes valiosos, dejando familias destrozadas y una comunidad sumida en la tristeza.


Al finalizar el mes de diciembre, un accidente de motocicleta segó la vida del joven Yumbito Peña Plata, mientras otro joven resultó gravemente herido tras el deslizamiento del vehículo en el que se trasladaban hacia la comunidad de Los Saladillos. A mediados de enero, la tragedia volvió a repetirse con la muerte de Iván Cuevas Cruz y José Luis Batista D’ Olio, víctimas de un fatal choque frontal entre dos motocicletas, dejando además a otro joven con heridas de gravedad.


Estos no han sido hechos aislados. Por décadas se han registrado múltiples accidentes en las cercanías del municipio de Cristóbal, con un saldo alarmante de fallecidos y heridos. Cada pérdida representa un proyecto de vida truncado, un hogar enlutado y un vacío imposible de llenar.


Cristóbal es un pueblo solidario. En los momentos difíciles nos unimos, lloramos juntos y nos abrazamos en el dolor. Han sido muchas las lágrimas derramadas por estas muertes, y la preocupación se ha instalado en cada hogar, porque ningún padre, ninguna madre, está exento de recibir una llamada trágica en cualquier momento.


Pastores evangélicos, padres de familia y profesionales de distintas áreas del saber han alzado su voz, clamando por la intervención divina, pero también por una actitud más prudente y responsable frente a esta realidad que está causando tanto sufrimiento. La fe es importante, pero la conciencia y la acción humana son imprescindibles.


Muchos se preguntan cuáles son los factores que inciden en la ocurrencia de estos accidentes. Entre los más señalados se encuentran el consumo excesivo de alcohol, el traslado constante de un pueblo a otro a altas horas de la noche o madrugada, el exceso de velocidad, la imprudencia al conducir y la falta de orientación y supervisión familiar. A esto se suma una peligrosa normalización de conductas como calibrar motocicletas o conducir en estado de embriaguez, poniendo en riesgo no solo la vida propia, sino también la de los demás.


Es una realidad que un número significativo de jóvenes de Cristóbal, especialmente miembros del Ejército de la República Dominicana (ERD), tienen acceso a motocicletas, muchas veces por ser herramientas de trabajo y por la posibilidad económica de adquirirlas. Ser militar se ha convertido en el primer empleo de una parte importante de nuestra juventud, lo cual hace aún más urgente reforzar la formación en seguridad vial, disciplina y responsabilidad social.


Somos como árboles con ramas que crecen en distintas direcciones, pero unidos por una misma raíz. Cuando uno cae, todos sentimos el golpe. Estas tragedias nos impactan, nos conmueven y nos hieren profundamente como comunidad.


Si no corregimos el rumbo, seguiremos lamentando muertes evitables. La seguridad empieza en casa. La educación vial debe asumirse como un valor de vida. El alcohol y la velocidad no son símbolos de libertad, sino de peligro. Conducir con responsabilidad es un acto de amor hacia uno mismo, hacia la familia y hacia el pueblo.


Urge la puesta en marcha de una campaña educativa integral, liderada por las autoridades locales y nacionales, en coordinación con las iglesias, las escuelas, las familias y los organismos de seguridad, para enfrentar por todos los frentes la imprudencia y la irresponsabilidad al conducir motocicletas.


Por amor a la vida, hacemos un llamado a la prudencia.


No más tristeza.


No más duelo.


No más dolor para Cristóbal.


Notas de Plata.

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