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Grupos Icónicos de Cabral Reconocen a Doña Altagracia Alcántara Alcántara, conocida con el cariño como “#Tata”,




Doña Altagracia “#Tata”, es mucho más que una enfermera: es un símbolo vivo de Cabral, una mujer cuya trayectoria de servicio, entrega y amor ha marcado la vida de generaciones enteras. Su nombre evoca confianza, calidez y esa certeza de que, sin importar la hora o la dificultad, siempre habrá unas manos dispuestas a cuidar, sanar y acompañar.

Formada profesionalmente en Santiago, en una época en la que allí se cursaba la mejor enfermería del país, Doña Tata comenzó su labor en 1968 en el Centro de Salud que funcionaba en la casa de Don Guarionex Olivero, prestando servicios con excelencia incluso antes de tener un nombramiento oficial.

Su compromiso fue reconocido el 1 de agosto de 1972, cuando fue nombrada por el entonces Presidente Dr. Joaquín Balaguer. Tras pensionarse en 1996, su vocación no se detuvo: gracias a la gestión del Pastor Jorge Báez Gómez, fue incorporada nuevamente al servicio durante el gobierno del Presidente Hipólito Mejía, esta vez en el Centro Infantil de Atención Integral (CONANI) de Cabral, donde continuó brindando cuidados hasta su segunda pensión en octubre de 2025.

Pero la verdadera magnitud de Doña Tata no se mide en años de servicio, sino en el impacto de su obra. Atendía a domicilio, en su propia casa y a cualquier hora. Si una persona no tenía recursos para medicamentos, ella misma los conseguía. Su reputación era tal que familias de todos los rincones de Cabral y comunidades aledañas preferían ser atendidas por sus manos expertas. Incluso hoy, ya en edad avanzada, su vocación permanece intacta: sigue sintiendo el llamado a servir y a cuidar, demostrando que el amor por la enfermería es una misión de vida.

Hija de Rafaela Alcántara y Francisco Alcántara (Manco Matías), Doña Tata formó junto a su esposo un hogar de “calor incalculable”, del cual nacieron 4 hijos, hoy convertidos en adultos ejemplares, y del que han surgido 5 nietas y 2 bisnietos. Su legado no solo está en los títulos o reconocimientos, sino en la formación de una descendencia que lleva con orgullo su apellido y su ejemplo. Antes de consolidarse plenamente en la enfermería, también mostró su espíritu emprendedor: viajaba a Neyba a comprar mercancía para una fantasía móvil, y más tarde incursionó en la venta de maíz y otros comestibles, siempre con el apoyo de su familia.

Su impacto ha sido reconocido por médicos de todo el territorio nacional, quienes han certificado que aprendieron y perfeccionaron sus habilidades bajo la tutela de Doña Tata. Su nombre es sinónimo de confianza, humanidad y excelencia.

Hoy, Cabral no solo celebra a una enfermera, sino a una mujer que ha sido madre, maestra, sanadora y ejemplo de vida. Doña Tata, gracias por tanto amor, por tanto servicio y por demostrar que la verdadera grandeza está en el corazón que se entrega sin medida.

Eres, y siempre serás, el corazón que late en cada hogar de Cabral. Las mejores longaniza consumida y reconocida como un manjar tanto nacional. Como internacional.

Con profundo respeto y admiración.
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