Jaime Rincón, la Antigua Orden no es la Marcha Verde.
Por Dayvi López Vargas
Hemos visto cómo el fuerzaplueblista Jaime Rincón ha arremetido contra la decisión de Ángelo Vásquez de aspirar para las próximas elecciones. Debe saber Rincón que nada se logra con pancartas todo el tiempo cuando traidores, delincuentes y lo peor de la sociedad dominicana son quienes dirigen los destinos del país.
La pregunta es, ¿merecemos envejecer con pancartas y altoparlantes, en espera de un cambio?, es un sacrificio que no necesariamente va a arrojar resultados. En las últimas marchas no estuvo presente Rincón frente a la Junta Central, como tampoco ha estado en otras importantes. Independientemente de eso, debe ser que esto no es Marcha Verde.
Entonces, si "gana" la Fuerza del Pueblo, ¿terminaría ahí el vínculo con la Orden o con Ángelo? No podemos jamás permitir que la soberanía nacional dependa de oportunidades políticas o de una estrategia para obtener ventajas. O si son malos los partidos, ¿por qué los críticos son miembros de uno? Este pueblo conoce muy bien esas prácticas y precisamente busca que cambien. Si quieren a los que crítica gran parte de la sociedad y no al que quiere la mayoría de la sociedad, deben revisarse.
El dolor que pueda llenar el espíritu y el corazón, porque quizás haya que cuestionar aquello por lo que se luchó, no debe impedir que la lucha se mantenga coherente, aun cuando no reciba fondos de la Junta, como lo hacen los partidos y sectores políticos. No podemos apostar al “quítate tú para ponerme yo”, por el solo hecho de que gane el partido que pueda brindar beneficios y luego dejar de lado las luchas nacionalistas.
Nada más vergonzoso que tratar de acorralar a alguien que quizás se subestima por no tener tantos estudios, aunque tiene mucha educación, personalidad y buen manejo emocional como Ángelo, además de estar constitucionalmente facultado para ello. Si la lucha es por transformar el destino del país, entonces debe explicarse por qué un ciudadano que pretende participar en política debe ser atacado por intentar llegar al poder mediante los mecanismos constitucionales.
Marcha Verde tuvo muchos periodistas que usaron sus influencias para que llegaran los actuales verdugos; algunos hoy son millonarios sin aquellas luchas, mientras las causas que decían defender continúan pendientes. No podemos permitir que prescriba ese engaño nacional, donde unos protestan y otros terminan recogiendo los beneficios políticos de aquellas movilizaciones.
La Antigua Orden no es Marcha Verde, ni siquiera tiene esos colores como símbolo de partido; tampoco debe convertirse en una herramienta para que ningún partido político pueda tercerizar lo que no puede hacer directamente. Si durante años se ha luchado contra quienes gobiernan y contra quienes han traicionado los intereses nacionales, no tiene sentido pretender que los nacionalistas solamente puedan marchar, protestar y levantar pancartas, pero nunca aspirar a conquistar el poder para cambiar las cosas.
Ángelo Vásquez tiene derecho a intentarlo y será el pueblo quien determine si merece su confianza. La soberanía nacional no puede depender de intereses partidarios ni de oportunidades personales. La Antigua Orden debe mantener su lucha nacionalista y, si algunos deciden entrar a la política, deben hacerlo de frente, sin utilizar las luchas patrióticas como tercerización de ningún partido. Hacerlo como lo hizo Juan Pablo Duarte mediante el Partido Nacional, no a escondidas como han venido narrando los malos historiadores.

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