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Inocencia Gómez, “Mamacita”: la curandera de Cabral que hizo de las plantas medicinales una misión de vida.




Nacida el 28 de diciembre de 1912 y fallecida el 22 de diciembre de 2004, dedicó gran parte de su vida a aliviar el dolor de niños, jóvenes y adultos. Su legado humano merece ocupar un lugar en la historia del municipio de Cabral, Barahona.

CABRAL, BARAHONA. En la historia de los pueblos existen personas que, sin haber pasado por las aulas universitarias ni poseer títulos profesionales, dejan huellas tan profundas que el tiempo no consigue borrarlas. En el municipio de Cabral, una de esas figuras fue Inocencia Gómez, conocida cariñosamente como Mamacita, una mujer que convirtió sus conocimientos sobre las plantas medicinales en una expresión de solidaridad, servicio y amor al prójimo.

Mamacita nació el 28 de diciembre de 1912 y falleció el 22 de diciembre de 2004, dejando tras de sí una historia que merece ser rescatada y transmitida a las nuevas generaciones. Su hogar, ubicado en la calle San Andrés, en el sector Barrio Arriba de Cabral, fue durante décadas un lugar al que acudían personas en busca de ayuda para aliviar distintos problemas de salud.

Una mujer que conocía el valor de las plantas

En una época en la que el acceso a los servicios médicos profesionales era más limitado para muchas familias, Mamacita se convirtió en una figura de referencia para quienes confiaban en sus conocimientos tradicionales.

Su práctica se fundamentaba en el uso de plantas de la tierra y remedios naturales, conocimientos que ponía al servicio de las personas que llegaban a su casa. Niños, jóvenes, adultos y familias enteras encontraron en ella una mano amiga, una mujer dispuesta a compartir lo que sabía y a contribuir, desde sus posibilidades, al alivio de sus dolencias.

Su influencia, según los recuerdos que permanecen sobre su trayectoria, no se limitó al municipio de Cabral. Su nombre y sus conocimientos llegaron también a personas de distintos puntos de la República Dominicana, convirtiéndola en una figura recordada más allá de su comunidad natal.

Mamacita no fue una médica titulada, pero su presencia ocupó un espacio importante en la historia social de una comunidad donde los saberes populares y la solidaridad entre vecinos formaban parte de la vida cotidiana.

El legado de una mujer extraordinaria

La grandeza de Inocencia Gómez no debe medirse únicamente por los remedios naturales que utilizaba, sino también por su disposición de ayudar a quienes tocaban las puertas de su hogar.

Durante varias generaciones, su nombre quedó vinculado a la búsqueda de alivio, al trato cercano y a la confianza que muchas familias depositaban en ella. Su historia representa la de tantas mujeres de nuestros pueblos que, desde la humildad y la experiencia, contribuyeron al bienestar de sus comunidades sin esperar grandes reconocimientos.

Recordarla es reconocer una parte de la historia de Cabral que no siempre aparece en los libros, pero que permanece en la memoria de quienes vivieron aquella época y de las familias que recibieron sus atenciones.

Este reconocimiento histórico no pretende sustituir la medicina profesional ni afirmar que los remedios tradicionales curan todas las enfermedades. Busca, más bien, documentar el papel que desempeñó Mamacita en su comunidad y preservar el valor cultural y humano de su trayectoria.

Cabral tiene una deuda con su memoria

A casi 22 años de su fallecimiento, la historia de Mamacita merece una mayor difusión. No sería justo que una mujer recordada por tantas personas terminara siendo desconocida para las nuevas generaciones de cabraleños.

Por ello, hacemos un llamado al Ayuntamiento Municipal de Cabral, a las instituciones culturales, a los centros educativos, a las organizaciones comunitarias y a los ciudadanos que conocieron su trayectoria para que se unan al esfuerzo de rescatar su memoria.



Junior Feliz.

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