Estados Unidos desplegó más de 1.300 marines en el Caribe en medio de la crisis con Cuba.
La 24ª Unidad Expedicionaria de Marines de Estados Unidos asumió este viernes su misión en el Caribe bajo la designación de Fuerza de Combate Litoral-24 (LCF-24), relevando a la 22ª Unidad Expedicionaria como fuerza táctica de primera respuesta dentro del Área de Responsabilidad del Comando Sur de EE.UU. (USSOUTHCOM).
Según el comunicado oficial de la 24ª Unidad Expedicionaria de Marines, la fuerza está compuesta por más de 1,300 marines y marineros organizados como una Fuerza de Tarea Aire-Tierra de Marines (MAGTF), desplegada desde Puerto Rico y operativa bajo el mando del coronel Ryan Lynch.
LCF-24 está directamente subordinada al Mando del Componente Marítimo de la Fuerza Conjunta y al Grupo de Tarea Conjunto 84-2, en apoyo a la Operación Southern Spear, la campaña militar más amplia del Comando Sur en el Caribe en décadas recientes.
«Los marines y marineros de LCF-24 están posicionados para ejecutar todos los conjuntos de misiones prescritos por nuestros escalones superiores de mando; para disuadir las amenazas que enfrenta nuestro hemisferio hoy», declaró el coronel Lynch.
El buque de transporte anfibio USS Fort Lauderdale actúa como plataforma naval exclusivamente asignada al MAGTF, y el pasado 22 de mayo realizó desde el Mar Caribe un ensayo completo de operación de interdicción marítima con un helicóptero UH-1Y Venom.
A diferencia de un despliegue anfibio convencional, LCF-24 está diseñada para operaciones distribuidas en litorales del Caribe, combinando nodos en tierra con plataformas navales para maximizar su capacidad de maniobra rápida.
Entre sus misiones certificadas figuran operaciones de reacción rápida, refuerzo de embajadas, recuperación táctica de aeronaves y personal, apoyo a alivio de desastres e interdicción marítima contra el tráfico ilícito y redes narcoterroristas.
El teniente general Calvert L. Worth, comandante del II Cuerpo Expedicionario de Marines, subrayó la importancia estratégica del relevo: «Nuestro éxito en la Operación Southern Spear depende de nuestra capacidad de superar y sobrepasar las redes ilícitas que amenazan la región. LCF-24 provee la combinación exacta de precisión e interoperabilidad que necesitamos».
La Operación Southern Spear fue lanzada el 28 de enero de 2025 como operación de vigilancia marítima y formalmente expandida el 13 de noviembre de 2025 por el secretario de Defensa Pete Hegseth como campaña contra el narcoterrorismo. Bajo la administración Trump, la operación ha escalado hacia ataques cinéticos letales contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico, con reportes de más de 190 bajas entre presuntos narcotraficantes para principios de mayo de 2026.
El despliegue tiene implicaciones directas para Cuba, Venezuela y otros actores regionales, dado que USSOUTHCOM ha señalado explícitamente que la operación busca disuadir a «actores estatales hostiles» y desmantelar redes que operan con patrocinio estatal. El Comando Sur muestra sus operaciones en el Caribe como un mensaje directo a La Habana.
El general Francis L. Donovan, comandante de USSOUTHCOM, fue categórico: «El Hemisferio Occidental ya no es un entorno permisivo para narcoterroristas, sindicatos criminales o sus patrocinadores estatales. Con LCF-24 al mando de las operaciones tácticas, enviamos un mensaje inequívoco: Estados Unidos está comprometido a defender nuestra patria y asegurar un hemisferio próspero y estable».
El costo del despliegue militar en el Caribe fue estimado en aproximadamente 3,000 millones de dólares en febrero de 2026, lo que refleja la escala sin precedentes de la presencia militar estadounidense en la región.
El objetivo principal es combatir el narcotráfico y otras actividades ilícitas en la región, dentro del marco de la Operación Southern Spear. Esta operación también busca disuadir la influencia de actores estatales hostiles, como los gobiernos de Cuba y Venezuela, en actividades ilícitas que amenazan la seguridad del hemisferio occidental.
Los marines realizan operaciones de interdicción marítima, refuerzo de embajadas, recuperación táctica de aeronaves y personal, y apoyo a alivio de desastres. Estas operaciones están diseñadas para maximizar la capacidad de maniobra rápida y enfrentar amenazas transnacionales en el Caribe.
El despliegue se interpreta como un mensaje directo a Cuba, ya que busca desmantelar redes ilícitas que operan con supuesto patrocinio estatal. La presencia militar de EE.UU. es vista como una presión adicional sobre el régimen cubano, en medio de una crisis económica y social en la isla.
La operación tiene implicaciones significativas para la seguridad regional, al redefinir el equilibrio militar en el Caribe con un enfoque en interceptar y destruir embarcaciones implicadas en actividades ilícitas. Esto ha aumentado las tensiones diplomáticas y militares en el hemisferio, especialmente con países como Venezuela y Cuba.

No hay comentarios.